Si en la pista de baile había pensado que era vulnerable, no se comparaba con lo que sentía en ese momento. Permanecer cerca de él e introducir más alcohol en un cuerpo ya embriagado por su masculinidad era una locura.
—No quiero una copa. Y se supone que no debes beber tras recibir un golpe en la cabeza.
—Bueno... de acuerdo. ¿Preparo café y...?
—¡No, Jye! ¡No quiero nada! —sintiéndose una tonta por el deje de histeria en su réplica, respiró hondo antes de adoptar un tono más racional y compue