Durante toda la noche Jye sólo pensó en una cosa. «No quiero que este sea el final de todo». Sólo porque llevaba reloj supo que la cena con los Mulgan y el trayecto de trasladarlos al aeropuerto para subir al vuelo privado que los llevaría a casa habían durado seis horas; aparte de eso, no habría sido capaz de contar qué había sucedido durante la velada. Sólo fue consciente de Steff, del tono melodioso de su voz y de su risa. La arrebatadora belleza de su cara lo había mantenido hechizado.
Pero