Pasado algún tiempo, la vida de Bianca había encontrado un ritmo más estable, y la emoción llenaba su hogar. Era el día en que los mellizos, Henry y Olivia, comenzarían la escuela.
La casa se llenó de risas y el nerviosismo infantil.
—¡Mamá, haremos muchos amiguitos! —exclamó Henry, dando saltitos de pura alegría.
Olivia, más tranquila pero igual de emocionada, asintió con una sonrisa.
Bianca los miró con ternura, un nudo de emoción en la garganta.
—Por supuesto que harán muchos amigos, mis