Aquel día, cuando Bianca salió de su trabajo, se detuvo en seco. Allí, frente a ella, estaba la señora Harrington, la madre de Eric. Lo último que quería en el mundo era verla de nuevo. La última vez que se habían visto, las cosas no terminaron bien. Hubo una confrontación llena de tensión y reproches. Verla ahí no podía significar nada bueno, pero Bianca forzó una sonrisa y trató de mantener la calma, a pesar de que la presencia de Jackeline la hacía sentir muy mal.
—Señora Harrington... —saludó, su voz apenas un susurro.
Jackeline se acercó a ella, sin rodeos, y le dijo.
—Necesito hablar contigo. Es todo.
—¿Por qué?
Bianca tomó una profunda bocanada de aire, el aire que necesitaba para lidiar con una situación como esa. Se preparó para la acusación, para el abuso de poder al que estaba acostumbrada.
—Necesito hablar contigo sobre algo, Bianca —repitió Jackeline—. Quiero que busquemos un lugar adecuado, un lugar más pacífico para poder conversar.
Bianca, aunque quería huir, aceptó l