Llegaron a la clínica, Elián ya estaba despierto, tenía los ojos grandes, ojerosos, pero aún brillaban con esa curiosidad que el dolor no había podido apagar.
Ania y Liam lo observaban desde la distancia, mientras que Liam sentía como todo dentro de él se derretía, ¡Su hijo! ¡Ese pequeño era su hijo!
Liam lo podía ver, el parecido, la edad, la fuerza de voluntad que irradiaba el niño, el corazón de Liam se inflaba de orgullo y una calidez que él no podía explicar.
— Elián… — Comentó Liam, p