El alba desplegaba sus primeros rayos de sol sobre Estambul cuando Jeremy llegó a la casa de Mary para recogerla junto a Andy. El pequeño, con su mochila a cuestas llena de bocadillos que había preparado junto a su madre y su cámara instantánea, mostraba una emoción contagiosa.
Aquel prometía ser un domingo especial. Los domingos siempre eran buenos porque estaba con ambos padres y pasaban todo el día juntos.
—¿A dónde vamos primero, papá?— preguntó con impaciencia.
Aún Mary no salía, pero Andy