El aire en la mansión Leclerc tenía ese inconfundible aroma fresco a flores. Mary, con el corazón aún pesado por los recientes acontecimientos, se detuvo por un momento en la entrada para admirar el jardín que Sofía había diseñado con tanto amor.
La charla con su padre la había dejado devastada. Pero muy triste ver la realidad de su padre, saber que este no tenía ningún interés en sus hijas más que para usarlas y que todo ese tiempo prácticamente no tuvieron a nadie que las defendiera porque su