Se quedó muy quieto mientras aquellas tijeras estaba en su cabeza y Robert tenía el corazón en sus manos.
«No te muevas, Ethan. No te muevas.» Rogaba en su mente mientras él apenas pestañeaba y el cabello caía a cada lado. Ethan no se movía, pero él estaba más inquieto que el niño.
Lo había llevado a una mona peluquería especializada y para cuando terminaron con Ethan allí mismo le dieron un baño, por si algún cabello había caído en su cuerpo y le molestaba.
—Vaya…—cuando le entregaron a su hij