Iba muy sonriente por aquel centro comercial, el abogado ya había empezado el proceso para solicitar el arresto domiciliario de Alice Taylor y ya Robert había acomodado su habitación, con la cama más cómodo que halló para ella, grande, espaciosa, bien para su espalda y con gran variedad de almohadas.
Se había atrevido a comprar un poco de ropa para ella.
Se estaban llevando tan bien, que ambos sonreían cuando llegaban allí y se veían.
Robert estaba muy optimista con la futura llegada de Alice a