Después de aquella celebración, Robert y Alice tuvieron un par de horas a solas, antes del evento de inauguración de su empresa.
Robert tocó el dedo de su esposa, deslizándose por el anillo que allí había, luciéndose tan bien en su mano.
—Mi esposa…—la palabra sabía a miel en su boca, pero más a miel sabían los labios de ella, pintados de un tono suave y dirigiéndose a los de su esposo.
—Mi amor.—unió sus labios con los del Graham y dio comienzo a una danza que indudablemente llevaría a otras c