POV Alejandro
No podía creer aquella noticia, más bien no quería creerla, porque si la aceptaba, significaba que el hombre que había sido mi amigo desde los catorce años, el que me había cubierto las espaldas en peleas de instituto, el que me había prestado dinero cuando mi padre amenazó con desheredarme, era un monstruo capaz de patear a su esposa embarazada hasta dejarla inconsciente en un charco de sangre.
Aiala Solozábal, ahora Arrieta, no era solo su esposa, era nuestra amiga, la conocíam