POV Sofía
Diez días pasaron, yo me la pasé consolando a Aiala, no se había atrevido a decirle aún a su marido que estaba embarazada. Lo había intentado varias veces, incluso preparó una tierna cajita decorada en color pastel, con un par de zapatos de bebé dentro. Pero él no llegaba, o llegaba de un humor de los mil demonios.
Alejandro me llamó esa mañana.
—Mi padre, contra todo pronóstico médico, se siente mucho mejor —dijo, con una voz más relajada de lo que había escuchado en semanas— está m