El lunes por la mañana, Ivania salió a dejar a Antonella, como de costumbre, con la señora Laura. Mario estaba esperándola, frente a la puerta, en su carro. Se bajó a recibirla.
—Conseguí una silla para bebés —dijo cuando le abrió la puerta de atrás—. Así las dos irán más cómodas.
Ivania le agradeció el gesto y subió a Antonella, que pareció disfrutar de la silla y no lloró, como esperó Ivania que sucediera.
—Estará segura, no te preocupes —dijo Mario cuando cerró la puerta y abrió la de Ivani