Ya llevaba treinta dos semanadas de embarazo, todo había pasado demasiado rápido, ocho meses habían sido tan rápido que mi vientre parecía estar a punto de explotar
Mientras mis dos bebés se negaban a mostrarle el sexo a su padre, Max estaba a punto de enloquecer, incluso había culpado a Andrei
Había indicado que nuestros hijos no querían mostrarse, por su culpa, porque no era un buen doctor, mientras este solo lo ignoraba como siempre
Y me hablaba a mí, sobre lo bien que estaban y sobre lo bie