Santos
La expresión en su rostro no tenía precio. Podía ver cómo su cuerpo se estremecía, cómo sus ojos gritaban la necesidad de conocer cada uno de los oscuros secretos que yo guardaba tan cerca del pecho. Secretos que no pensaba compartir con ella en un futuro cercano. Pero eso no significaba que no pudiera usarlos para torturarla… solo un poco.
Sabía que su cabeza se estaba ahogando en preguntas, y aun así mantenía la boca cerrada. No estaba seguro de si era su terquedad la que le impedía f