Miel
No había nada en sus ojos. Ninguna emoción. Ningún sentimiento. Nada. Ni siquiera rabia. Era un vacío absoluto de oscuridad. Indiferencia, la única cosa mucho peor que el odio. Resultaba demasiado fácil ver que era el tipo de hombre al que no le importaba a quién lastimara, siempre y cuando obtuviera lo que quería. Y yo era, claramente, lo que quería.
—Entonces, ¿qué será, Miel? ¿Arriesgarás la vida de otros por tu propia libertad?
La mueca de suficiencia en su rostro me dijo que ya conoc