Capítulo 87 —Purga
El aire acondicionado de la sala de juntas parecía haber bajado varios grados desde el día anterior, pero ninguno de los presentes se atrevía a quejarse. Las inmensas sillas de cuero negro, habitualmente ocupadas por hombres que manejaban el destino de millones de dólares con solo un ademán, se sentían esta vez como banquetas de acusados. Arthur Pendelton, el miembro más antiguo de la vieja guardia, carraspeó suavemente, intentando acomodarse el nudo de la corbata de seda sin