Mateo me encontró sola en la cocina, su presencia llenando el silencioso espacio con una tensión que se podía cortar con un cuchillo. Mi mente ya estaba abrumada con pensamientos, y su inesperada llegada no hacía más que aumentar mi inquietud. Parecía que cada rincón de la habitación contenía un secreto, y yo estaba atrapada en medio de ellos, intentando mantener la cordura.
—No me gusta tu hermana —dijo sin rodeos, sus palabras resonando en el pequeño espacio como un disparo que rompe la quiet