Isabella salió de aquella enorme casa, limpiándose una lágrima que se le escapaba.
Llena de mil emociones, ella había descubierto una terrible verdad escondida en el centro del apellido Collins, la crueldad de la que su ex cabecilla, Maximiliano, era capaz.
Isabella había confirmado su temor de ser exiliada, lo que había escuchado, era cierto, solo quedaba la duda de si su esposo lo hacía por ambición como su padre o porque estaba siendo amenazado como lo sugirió Marian.
No obstante, había una