Isabella había llegado al pent-house, uno de los empleados abrió la puerta de la entrada para ella.
— Buenas tardes, señora Collins.
— Buenas tardes, Fabricio… — Contestó ella entrando. — ¿Y mi esposo? ¿Sigue en la oficina?
— Sí, señora, está en la oficina con el señor Maximiliano, el señor vino de visita. — Avisó el empleado.
— Oh, el padre de Máx. — Musitó ella pensativa, para dirigirse de nuevo al empleado. — ¿Crees que sea buena idea pasar directo a saludarlo, o debería dejarlos solos?
— Lo