Isabella no entendía bien lo que sucedía, pero entendía una cosa, su abuela estaba en problemas y la necesitaba.
— ¡Vamos! — Ella tomó la mano de Aiden con convicción y ambos se dirigieron a la puerta, cuando una de las empleadas, que seguía allí, los detuvo, atravesándose en su camino.
— Señora Collins, no puede irse así, debería esperar a su esposo. — Comentó la mujer, con una expresión algo escandalizada. — El señor nos pidió mantenerla bien cuidada.
— Lo siento, pero es una emergencia… —