Isabella notó a Máximo detallándola, ese hombre, con esa mirada tan intensa, tan fría y hosca, hacía aflorar sus nervios instantáneamente.
Ella volteó hacia su abuela, dándole la espalda a esos hombres, y simuló tomar otro trago de su copa. Ella no podía creer lo que estaba haciendo, si no podía ni ver a Máximo a la cara, ¿cómo podía convertirse en su esposa?
— Señora Sinclair… — Una suave voz femenina llamó la atención de la joven, quien volteó rápidamente. — ¿Cómo está?
— Bien, ¿qué gusto