Silvia bajó los ojos dando un leve asentimiento.
—¿Y tú? —preguntó.
—Odio todo —susurró ella antes de llevarse el vaso a los labios, levantando los ojos para encontrarse con su mirada—, excepto a ti —bromeó con frialdad y los ojos de él se oscurecieron, aunque él le dedicó una encantadora sonrisa lobuna, con sus dientes blancos como perlas. pantalla completa, esos ojos de jade arrugados en las esquina dándole una mirada tan encantadora.
—Eres excelente con tus palabras. Solo estás haciendo que