El amanecer llegó a Argemiria con un silencio inquietante. Desde la ventana de su apartamento, Anya observaba cómo las primeras luces del día iluminaban la Plaza del Parlamento, aún vacía pero expectante, como un escenario preparado para una obra que estaba a punto de comenzar.
"¿Estás segura de esto?" preguntó Leonor, que permanecía sentada frente al ordenador portátil, con los dedos suspendidos sobre el teclado.
Anya se giró hacia ella. Su rostro reflejaba determinación, aunque sus ojos delat