Acaricio la mata rulosa de Leonel mientras permanece dormido sobre mi regazo, contemplando ciertamente perdida las flores que él mismo me trajo sobre la mesita de noche a mi lado.
El sol se está perdiendo para dejar paso a la luna y con ello la oscuridad de la noche.
Tanya se encuentra a mi lado, en ese sillón, entretenida tejiendo lo que a primera vista parece un pequeño jersey de punto.
Sonrío repentinamente agradecida por esta extraña estampa hogareña que agita suavemente mi corazón.
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