Nox.
Así se llama el dominante y feroz hombre que guarda una suavidad delicada en su interior, esa que he podido ver por unos segundos en la privacidad de este pasillo mientras confortaba mi incomodidad.
Seguimos abrazados.
Ajenos a nuestro alrededor.
Casi como si ambos quisiéramos perdernos en los brazos del otro.
Su barbilla reposa sobre mi coronilla, mientras que mi mejilla se acomoda en su firme pectoral.
Me gusta esto.
Me gusta su calor y su aroma.
Me gusta la tosquedad de su tacto que int