—NATALIA—
Tras comer en un cómodo y ameno ambiente al que no tardó en unirsenos Nox, con la misma dicha brillando en sus ojitos como si le hubieran quitado un gran peso de encima. Ahora nos encontrábamos rodeando una bonita fogata en el extremo lejano del jardín principal, escuchando las historias de Tanya a la que incluso los niños había conseguido atrapar, desistiendo el seguir jugueteando por el extenso jardín para unirsenos en las sillas, sillones y almohadones que rodeaban estrategicamente