—NATALIA—
Limpio con el dorso de mi mano la pequeña lágrima que amenazaba con estropear la ultima de las cartas escritas, esa dirigida a la mujer con la que comparto este cuerpo y a la que mi alma permanece anclada.
La fragilidad y sensibilidad que siento en este punto, me hacen demorar más de lo correcto en plantar mi firma al final de la redacción, más aún al saber que ahora tendré que esperar un poco más a que la tinta se seque antes de doblarla e introducirla en el sobre que espera con el n