Eden no volvió a casa.
Después de que Alaric se marchara, pasó dos horas vagando por el campus en un aturdimiento, con la mano vendada latiendo de dolor fantasma por una herida que ya se había curado. Los estudiantes corrían a su alrededor, riendo y conversando, viviendo sus vidas normales. Eden se sentía como si los observara a través de un cristal: presente, pero separada; humana, pero no.
Cuando por fin subió las escaleras hacia el apartamento, el sol ya se había puesto y su teléfono estaba