Capítulo Diez
Los ojos del Alfa se clavaron en ella, oscureciéndose mientras observaba su forma rota, su rostro magullado, su cuerpo tembloroso. Su mandíbula se tensó, sus puños se cerraron mientras un gruñido peligroso retumbaba en su pecho.
"¿Se atreven a atacar en mis tierras?", su voz era fría, mortal, su poder lavándolos como una ola. "¿Se atreven a tocar lo que es mío?"
Los rostros de los lobos solitarios palidecieron, sus cuerpos temblando de miedo. Intentaron huir, pero el Alfa se movió