Capítulo CINCUENTA Y NUEVE
Zara se deslizó más allá de las fronteras del pack, avanzando hacia los límites donde merodeaban las cosas salvajes: campamentos de lobos renegados llenos de los descartados, los amargados y los rotos. Lobos sin lealtad, solo hambre.
Y rabia.
Perfecto.
Zara observaba desde los árboles, con los ojos brillando como obsidiana mientras los estudiaba: guerreros feroces, marcados de cicatrices y gruñendo, con el odio hirviendo bajo la superficie. Bastaría un susurro, una ch