Mundo ficciónIniciar sesión¡No llores!
¡Reyland!
Marian quería decir todas esas palabras al mismo tiempo, pero ningún sonido podía salir de sus labios secos.
En su lugar, lloró en su interior mientras miraba débilmente a su gigante.
Pero Reyland no lloraba.
Solo la miraba con los ojos húmedos y llenos de tristeza y el ceño fruncido.
El silencio se prolongó y, entonces, Reyland respiró hondo.
«Lo siento», susurró con voz baja.
«¿Por qué... por qué







