El cronómetro en la pantalla continuaba su descenso implacable. Cincuenta y nueve minutos. La imagen de Valeria inconsciente en los jardines de los Hamptons, con la sangre tiñendo su frente bajo la mirada fría de Isabel Rivas, transformó el despacho presidencial en una cámara de asfixia legal.
Agustín se puso de pie de golpe, perdiendo por primera vez su máscara de tranquilidad diplomática. Su mirada recorrió el monitor y luego se clavó en mí, sus pupilas dilatadas por una mezcla de shock y fur