El aullido de las sirenas policiales rebotó en los muros de mármol del atrio, filtrándose en la penumbra del pasillo trasero como el anuncio de una ejecución. Las luces rojas y azules comenzaron a parpadear contra los ventanales de la torre corporativa. A través de las líneas de seguridad, los operativos de Adrián confirmaron el peor escenario: unidades de la división de lavado de activos y homicidios de Nueva York estaban cercando el edificio con órdenes de asalto federales.
Hans no había impr