Mundo ficciónIniciar sesiónIndianna asintió despacio.
Quería gritar de alivio.
Quería decirle: «Ya era hora».
Pero permaneció en silencio, observándolo con expectación.
Greyson tomó una de sus manos.
—Indie, sabes que existe una conexión entre nosotros.
En cuanto sus pieles se tocaron, las chispas volvieron a recorrer el cuerpo de Indianna.
Aquella sensación seguía siendo imposible de describir.
—Ese vínculo... no puede existir entre dos seres humanos.
Indianna frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Lo miró fijamente.
—¿Que tú no eres humano?
Greyson suspiró.
—Nosotros... —remarcó esa palabra—. Nosotros somos...
Se quedó callado unos segundos mientras buscaba la forma adecuada de explicarlo.
—Somos...
Kirstie resopló con impaciencia.
—Ay, por el amor de Dios.
Rodó los ojos.
—Cariño... somos hombres lobo.
Greyson giró la cabeza de golpe.
—Cállate, Kirstie.
Su tono fue una advertencia.
Después volvió a mirar a Indianna, suavizando por completo la expresión.
Ella apenas podía respirar.
—El libro... —murmuró—. El que encontré en la biblioteca...
Greyson asintió.
—No era un libro de ficción.
Hizo una breve pausa.
—Aunque los humanos crean que sí.
Se quedó observándola atentamente.
Escuchó cómo su corazón empezaba a acelerarse.
Su respiración se volvió irregular.
Su rostro perdió todo el color.
Los labios le temblaban.
Y el horror empezaba a dibujarse en sus ojos.
—G-Greyson...
Él habló con extrema calma.
—¿Recuerdas que te pedí que prometieras mantener la calma?
Se acercó un paso.
—Indie... necesito que no entres en pánico.
Pero ya era demasiado tarde.
Indianna retrocedió por la cama hasta pegarse al cabecero.
Negaba frenéticamente con la cabeza.
—Aléjate de mí.
Greyson maldijo entre dientes e intentó acercarse.
Ella soltó un pequeño grito.
—¡No!
Brooklyn dio un paso al frente.
Todavía tenía la mano entrelazada con la de Harry.
Su voz sonó dulce.
—Indianna... por favor.
Ojalá supieras cuánto te entiendo.
Ojalá pudiera ayudarte.
—No tienes por qué tener miedo.
Indianna apenas la escuchaba.
Se llevó una mano a la boca.
—El lobo que atacó a mis padres...
Su voz se quebró.
Los ojos se le abrieron de golpe.
—Dios mío...
Respiró con dificultad.
—¿Era un...?
Las lágrimas comenzaron a llenar sus ojos.
—¿Y el de anoche...?
Miró directamente a Greyson.
—¿Era el mismo, verdad?
Todo el cuerpo de Greyson se tensó.
Quería mentir.
Con todas sus fuerzas.
Pero no podía.
Cerró los ojos un instante.
—Sí.
Un gemido desgarrador escapó de los labios de Indianna.
—Preciosa...
—¡Cállate!
Su voz sonó desesperada.
—¡Cállate!
—Tú querías respuestas...
—¡He dicho que te calles!
Se cubrió los oídos con ambas manos y cerró los ojos con fuerza.
Greyson habló con una suavidad que nadie en aquella habitación le había escuchado jamás.
—Indie...
Se acercó despacio.
Sujetó con cuidado sus muñecas y apartó sus manos de los oídos.
Pero ella entró en pánico.
Intentó empujarlo.
—¡No me toques!
Su voz se quebró.
—¡Greyson!
Él mantuvo el agarre.
—Escúchame.
Su tono era firme, pero tranquilo.
—No tienes por qué tenernos miedo.
Indianna soltó una risa amarga.
—¡Ah, qué alivio!
La ironía rebosaba en cada palabra.
—¡Eso no significa que no lo tenga!
Greyson respiró hondo.
—Necesito que te tranquilices.
Ni siquiera las chispas consiguieron calmarla esta vez.
—¡Suéltame!
Lanzó una patada desesperada.
Su pie impactó directamente en el abdomen de Greyson.
Él no lo esperaba.
El golpe aflojó su agarre apenas un instante.
Fue suficiente.
Indianna liberó los brazos de un tirón y saltó fuera de la cama.
—¡Indianna! —gritó Brooklyn.
Pero Kirstie fue más rápida.
En un abrir y cerrar de ojos apareció detrás de ella.
Le inmovilizó ambos brazos a la espalda.
—Necesitas relajarte.
Le habló muy cerca del oído.
Mientras reforzaba el agarre.
—Respira.
—¡Suéltame!
—Lo haré cuando esté segura de que no vas a salir corriendo hacia la puerta.
Greyson dio otro paso.
—Indianna...
Ella habló atropelladamente.
—¡No te acerques!
Su cuerpo dejó de resistirse.
Sabía que no podría escapar de Kirstie.
Greyson se detuvo frente a ella.
—No vamos a hacerte daño.
Las lágrimas rodaban por las mejillas de Indianna.
—¡Sois monstruos!
Él negó lentamente con la cabeza.
—Sabes que eso no es cierto.
Le acarició la mejilla con delicadeza.
Las chispas volvieron a recorrer su piel.
Y, por mucho que quisiera ignorarlas...
Seguían haciéndola sentir bien.
Conozco los deseos que escondes en el fondo de tu corazón.
La voz de Greyson resonó dentro de su mente.
—¡Sal de mi cabeza!
Ella casi suplicaba.
—¡Sal!
Sé lo que de verdad desea tu corazón.
Greyson deslizó lentamente los dedos por su brazo.
Indianna tragó saliva.
—No lo sabes...
susurró.
Él sonrió apenas.
—Sí que lo sé.
Le levantó suavemente el mentón para obligarla a mirarlo.
Kirstie aflojó el agarre.
Un segundo después la soltó por completo y dio un paso atrás.
Greyson rodeó la cintura de Indianna con ambos brazos para sostenerla.
Quedaron frente a frente.
Muy cerca.
—La conexión que compartimos es única.
Su voz apenas era un murmullo.
—Podemos hablar con la mente porque estamos destinados el uno al otro.
Sus ojos no se apartaban de los de ella.
—Somos almas gemelas, preciosa.
Cuando Greyson rozó sus labios con los de ella, Indianna se quedó completamente inmóvil.
El tiempo pareció detenerse.
Pero apenas unos segundos después...
Su cuerpo respondió por sí solo.
Se inclinó hacia él.
Greyson le transmitía una extraña sensación de seguridad.
De paz.
De hogar.
Y aquellas chispas...
La hacían sentir algo que jamás había experimentado con nadie.
Sin darse cuenta...
Le devolvió el beso.







