Mundo ficciónIniciar sesiónSu hermana frunció el ceño.
—¿Quieres decir que no sabe nada sobre nosotros? ¿Ni siquiera sobre ella misma?
Greyson negó lentamente.
—Su madre la mantuvo escondida de nosotros toda la vida. No tiene la menor idea.
—Mierda... —susurró Kirstie.
Greyson soltó un suspiro cansado.
—Es... muy sensible, Kirst. Es tímida. No sé cómo va a reaccionar cuando descubra todo esto.
Kirstie arqueó una ceja.
—Hace un rato la escuché gritar y decir palabrotas. No parece tan tímida.
Una leve sonrisa apareció en los labios de Greyson.
—Acababa de salir de una convulsión. Estaba completamente alterada. Ella no es así.
Hizo una breve pausa.
—Bueno... al menos no con los demás. Conmigo no tiene ningún problema en enfadarse y levantarme la voz.
Kirstie soltó una risita.
—También hay que decir que eres desesperadamente irritante.
Greyson le lanzó una mirada fulminante.
—Puedo soportar que esté enfadada conmigo. Eso me da igual.
Su expresión se volvió más seria.
—Lo que no quiero... es que me tenga miedo.
Bajó la mirada unos segundos.
—No sé qué haría si, después de contarle la verdad, empieza a verme como un monstruo.
Kirstie se acercó un poco.
—Tendrás que hacerlo de todas formas.
Pensó unos segundos.
—¿Y si Brooke te ayuda? Es un encanto.
Greyson negó con la cabeza.
—Con Brooke se pone muy tímida.
—¿Entonces Ace? ¿Kal?
Greyson bufó.
—Si quiero que no diga más de dos palabras y se quede completamente callada, serían la compañía perfecta.
Kirstie soltó una carcajada.
—Así que solo deja de ser tímida contigo.
Greyson sonrió de lado.
—Exacto.
Hizo una pausa.
—Bueno... salvo cuando se enfada muchísimo o entra en pánico, como antes.
Kirstie se quedó pensativa.
—Entonces cuéntaselo delante de todos.
Greyson levantó la vista.
—Si hay más gente, se pondrá nerviosa y será menos impulsiva. Tendrá tiempo para asimilar la noticia antes de reaccionar.
Greyson permaneció unos segundos en silencio.
Finalmente asintió.
Se frotó los ojos con cansancio y volvió a mirar a Indianna, que seguía profundamente dormida.
Cuando despertara...
Respondería todas sus preguntas.
Sin ocultarle nada.
Los párpados de Indianna se abrieron lentamente.
La intensa luz del techo la obligó a entrecerrar los ojos.
Soltó un pequeño gemido y se los frotó.
Entonces alguien carraspeó.
—Buenos días, preciosa.
En cuanto reconoció la voz de Greyson, se incorporó de golpe.
Pero él ya estaba frente a ella.
Sujetó con suavidad ambas muñecas antes de que pudiera levantarse.
—Tranquila.
Su tono era sereno.
—No intentes salir corriendo.
De pronto, su voz volvió a sonar dentro de su cabeza.
Sé lo que vas a hacer antes de que lo hagas, preciosa.
Indianna bajó la vista hacia las manos de Greyson sujetando sus muñecas.
No quería volver a sentir aquellas chispas.
—Suéltame.
Lo dijo en un susurro.
Greyson le dedicó una mirada de advertencia, pero obedeció.
Ella retiró inmediatamente las manos.
—Déjame ir.
Greyson la observó unos segundos.
—¿Cómo te sientes?
—Déjame volver a casa.
—Responde primero.
Indianna resopló.
—Fatal. ¿Puedo irme ya?
Greyson negó con la cabeza.
—Doc dice que aún puedes sufrir otra convulsión en cualquier momento. Tuviste cuatro mientras dormías.
Su expresión era seria.
—No creo que sea buena idea que te marches.
—¡Déjame volver a casa, Greyson!
—No.
Ella apretó los dientes.
—Entonces dame respuestas.
Greyson suspiró.
—Ahora mismo no puedo.
—¿Por qué?
—Porque primero tienen que llegar los demás.
—¡Greyson...!
Él la interrumpió.
—Necesitas mantener la calma, Indie.
Su voz sonó firme.
—Aún estás al principio del proceso. Si tu ritmo cardíaco vuelve a subir, el dolor y las convulsiones pueden regresar.
Indianna lo miró con frustración.
—¿Qué demonios es ese proceso del que hablas?
—No puedo explicártelo hasta que lleguen.
Ella apretó la mandíbula con tanta fuerza que casi le dolió.
—¿Por qué tenía tanto dolor?
—Todavía no puedo decirlo.
Indianna dejó caer los hombros con desesperación.
—Eres completamente inútil.
Se cubrió el rostro con ambas manos.
—No puedo estar aquí, Greyson.
Su voz empezó a temblar.
—Odio los hospitales. Odio las agujas. Odio todo esto.
Respiró hondo.
—No había vuelto a ver a un médico desde...
Se quedó callada de golpe.
Sus ojos recorrieron lentamente el monitor cardíaco, la vía intravenosa y el resto del equipo médico.
Su rostro perdió todo el color.
Greyson terminó la frase por ella.
—¿Desde el ataque?
Indianna apartó la vista.
—No quiero pensar en eso.
Sacudió la cabeza.
Greyson apoyó una mano sobre su rodilla.
—Preciosa...
Esperó hasta que ella levantó la mirada.
—Mírame.
Indianna suspiró y terminó obedeciendo.
En cuanto sus ojos se encontraron con los de Greyson, sintió el ya familiar revoloteo en el estómago.
Él también lo notó.
Una leve sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
Sabía perfectamente el efecto que tenía sobre ella.
—¿Qué pasa, Greyson?
Él habló con total seriedad.
—Voy a responder todas tus preguntas.
Hizo una pausa.
—Pero necesito que me prometas que no vas a entrar en pánico.
Indianna soltó una risa sin humor.
—No puedo prometerte eso.
Greyson cerró los ojos un instante.
—Entonces al menos prométeme que no intentarás huir.
La miró fijamente.
—No llegarás muy lejos.
Su voz se suavizó.
—Por favor, Indie.
Ella sostuvo su mirada.
—¿Soy una prisionera aquí, Greyson?
Él respondió sin vacilar.
—No.
Indianna arqueó una ceja.
—¿Seguro?
Miró alrededor de la enfermería.
—Porque, sinceramente, me siento atrapada en esta maldita habitación.
Greyson habló con calma.
—Todo tendrá sentido cuando termine de explicártelo.
Le dedicó una pequeña sonrisa.
—Te lo prometo.
En ese momento, la puerta de la enfermería se abrió.
Entró Kirstie.
Tras ella aparecieron Ace, Kal, Harry y Brooklyn.
Greyson no pudo evitar sonreír al ver cómo Indianna se tensaba inmediatamente.
Le encantaba que, cuando estaban solos, ella mostrara su verdadera personalidad.
Pero en cuanto había más personas...
Volvía a esconderse dentro de sí misma.
Y, por extraño que fuera, le gustaba saber que él había sido la primera persona ante la que realmente se había abierto.
Solo esperaba que, algún día, también encontrara esa confianza con los demás.
Brooklyn fue la primera en acercarse.
—Hola, Indianna.
Le sonrió con dulzura.
—¿Cómo te encuentras?
Indianna bajó la mirada hacia sus manos.
Empezó a juguetear nerviosamente con sus uñas.
Sentía todas las miradas clavadas en ella.
—Bien... —murmuró.
—¡Hola, Indianna!
Kirstie sonrió ampliamente.
—Soy Kirstie, la hermana mayor de Greyson.
Los ojos de Indianna se abrieron como platos.
Aquella mujer alta, elegante y preciosa...
¿Era la hermana de Greyson?
Solo quería desaparecer debajo de la cama.
Otra persona desconocida.
Otra conversación que no sabía cómo afrontar.
Kirstie soltó una risita divertida.
—Ahora sí parece una cosita callada, ¿verdad?
Las mejillas de Indianna se tiñeron inmediatamente de rojo.
Greyson, sentado a su lado, apoyó una mano sobre su muslo y le dio un suave apretón para llamar su atención.
Ella volvió la cabeza hacia él.
Y, una vez más, sintió que todo era mucho más fácil cuando solo lo miraba a él.
Intentó olvidar que había más personas en aquella habitación.







