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Capítulo 18 — Dame algunas respuestas

Indianna suspiró.

—Me siento fatal.

Greyson la observó con atención.

—¿Quieres explicarme un poco más, preciosa?

—Me duele la cabeza, tengo náuseas y siento que me estoy quemando por dentro —gruñó Indianna mientras se frotaba los ojos con cansancio.

—¿Has comido algo hoy?

—No.

Greyson frunció el ceño.

—Tienes que comer.

—No tengo hambre. Además, lo voy a vomitar todo.

—Indianna, créeme. Necesitas comer.

—No quiero, Greyson. Solo déjame en paz.

Él negó lentamente con la cabeza.

—No puedo hacer eso.

Indianna apretó los labios y cruzó los brazos sobre el pecho, clavando la mirada en el suelo.

—Siento que nuestras conversaciones siempre son iguales.

—¿Ah, sí? ¿Y por qué?

—Porque tú siempre me dices lo que tengo que hacer... y nunca haces caso a lo que yo te digo.

Una sonrisa apareció en los labios de Greyson.

—Puede que tengas razón.

Se encogió ligeramente de hombros.

—Aunque todo sería mucho más sencillo si simplemente hicieras lo que te digo.

—No voy a obedecerte hasta que me des respuestas.

Greyson arqueó una ceja.

—Te responderé algunas preguntas... si comes algo.

Indianna lo observó con desconfianza.

—No te creo.

Greyson sostuvo su mirada.

—Preciosa...

Sus ojos oscuros se clavaron en los de ella, haciéndola removerse incómoda.

—Te lo prometo.

Hizo una breve pausa.

—Tienes mi palabra.

Indianna permaneció unos segundos en silencio.

Necesitaba respuestas.

Más de las que quería admitir.

Finalmente asintió.

—Está bien.

Greyson sonrió.

Se puso de pie y le tendió la mano.

—Ven conmigo, preciosa.

Indianna ignoró su mano.

Simplemente se levantó y caminó hacia la salida del gimnasio.

Greyson soltó una risa baja y negó con la cabeza antes de alcanzarla en apenas un par de zancadas.

—Todo el mundo nos está mirando —murmuró Indianna.

Las miradas de los estudiantes los seguían mientras salían del gimnasio.

—Ignóralos.

Greyson ni siquiera volteó a mirar.

—Solo son unos metiches.

Indianna abrió la boca para responder.

Pero un estruendo ensordecedor la hizo detenerse en seco.

Las luces del pasillo comenzaron a parpadear.

Desde el exterior llegó el retumbar de un trueno.

Los dos miraron hacia las ventanas.

El cielo, que esa misma mañana estaba completamente despejado, ahora estaba cubierto por densas nubes grises.

La lluvia caía con fuerza.

El viento aumentaba de intensidad a cada segundo.

—Aléjate de la ventana.

Greyson rodeó la cintura de Indianna con un brazo y la apartó justo cuando un relámpago iluminó el cielo.

Un segundo después...

El estruendo del trueno hizo vibrar todo el edificio.

—Solo es una tormenta...

Indianna era demasiado consciente del brazo de Greyson rodeando su cintura.

Él negó con la cabeza.

—No es una tormenta cualquiera.

La miró seriamente.

—Cuando empiezan de forma tan repentina como esta, han llegado a romper ventanas, puertas e incluso a herir personas. Siempre nos ordenan permanecer dentro del edificio y alejarnos de cualquier ventana.

Indianna levantó una ceja.

—Muy bien. Pero podemos hacerlo sin que tengas el brazo alrededor de mi cintura.

Greyson sonrió de lado.

Despacio, dejó caer el brazo.

—Vamos, preciosa.

—¿Adónde?

—Lejos de las puertas y las ventanas.

Le lanzó una mirada divertida.

—A menos que quieras que un árbol atraviese un cristal y te golpee de lleno.

Indianna puso los ojos en blanco.

—Entonces iré a la biblioteca...

—Ni hablar.

Greyson señaló el pasillo.

—Vienes conmigo.

—Ya dije que voy a la bi...

Las ventanas del otro lado del pasillo temblaron violentamente cuando otro trueno sacudió el edificio.

Greyson negó con la cabeza.

—La biblioteca está al otro extremo de la escuela.

Su tono se volvió firme.

—Estarás mucho más segura si vienes conmigo y llegamos rápido a un lugar protegido.

Las luces volvieron a parpadear.

Y, de repente...

Todo quedó completamente a oscuras.

Indianna se frotó los brazos desnudos al sentir un escalofrío.

Miró alrededor, intentando distinguir algo en la oscuridad.

Apenas podía ver la silueta de Greyson a su lado.

Finalmente suspiró.

—Está bien.

Greyson extendió la mano.

—Dame la mano, preciosa.

—No hace falta...

—Estoy bastante seguro de que veo mucho mejor en la oscuridad que tú.

Su voz sonó tranquila.

—Ahora vamos a un lugar seguro, Indie.

Sin saber muy bien cómo...

Indianna terminó con la mano entrelazada con la de Greyson.

Él la guio por los oscuros pasillos hasta llegar a un corredor lleno de casilleros, lejos de cualquier puerta o ventana.

Otros estudiantes también estaban allí.

Muchos iluminaban el lugar con las linternas de sus teléfonos mientras permanecían sentados en grupos.

Los profesores comenzaban a organizar a los alumnos más asustados.

Greyson se sentó en el suelo.

Indianna se acomodó a su lado, apoyando la espalda contra los casilleros.

—Toma.

Greyson se quitó la sudadera con capucha y la colocó sobre los hombros de Indianna.

—No hace fa...

—Póntela.

La interrumpió antes de que terminara.

—Puedo sentir cómo estás temblando.

Indianna dejó que acomodara la prenda sobre sus hombros.

El calor resultó reconfortante.

—Gracias...

Apoyó la cabeza contra los casilleros y cerró los ojos.

—¿Cansada? —preguntó Greyson en voz baja.

Ella asintió.

—Estoy agotada.

Guardó silencio unos segundos.

—¿No hay forma de salir de la escuela?

Greyson soltó una risa sin humor.

—Si quieres que un árbol salga volando y te mate, adelante. La puerta principal está ahí.

Señaló el pasillo.

—Pero, si prefieres seguir con vida, te recomiendo que te quedes donde estás.

Indianna resopló.

—Ya que estamos atrapados aquí... deberías darme algunas respuestas.

Greyson negó lentamente.

—Creo que no.

—¡Greyson! ¡Me prometiste que lo harías!

—Sí.

La miró con absoluta calma.

—Si comías algo.

Hizo una pausa.

—Y todavía no has comido.

—Hay una tormenta completamente fuera de lo normal impidiéndome hacerlo.

Greyson fingió pensarlo unos segundos.

—Qué mala suerte.

Indianna abrió mucho los ojos.

—¡Eres un caso perdido!

Se giró completamente hacia él.

—Por favor, Greyson...

Su voz perdió fuerza.

—Me dijiste que más adelante me lo contarías. ¿Por qué no puedes hacerlo ahora?

Él la observó unos instantes.

—Porque todavía no estás preparada.

—¿Preparada para qué?

Indianna soltó un gemido frustrado.

—Greyson, ni siquiera me conoces. No puedes decidir por mí para qué estoy preparada.

Su respuesta llegó sin titubear.

—Sé más sobre ti de lo que tú misma sabes.

Indianna frunció el ceño.

—¿Cómo?

Greyson simplemente sonrió de lado.

Indianna entrecerró los ojos y comenzó a levantarse.

—Olvídalo. Me voy...

Los dedos de Greyson rodearon con suavidad su muñeca.

Impidiéndole alejarse.

—Espera.

—¡Greyson, suéltame!

—No es seguro.

Su voz sonó mucho más tranquila que antes.

—Espera a que pase la tormenta.

La miró fijamente.

—Después podrás correr tan lejos de mí como quieras, preciosa. No voy a impedírtelo.

Sus dedos aflojaron ligeramente la presión sobre su muñeca.

—Pero deja que me asegure de que estés a salvo hasta que todo esto termine.

Indianna lo fulminó con la mirada.

Tenía ganas de gritarle.

Greyson sostuvo sus ojos.

Y, por primera vez en mucho tiempo...

Su voz sonó casi como una súplica.

—Por favor, preciosa.

—Quédate.

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