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Capítulo 17 — Lárgate, Kal

—Tú no hablas con Harry —le dijo Brooklyn a Sasha—. Ninguna de ustedes lo hace.

—¡Porque da miedo! Además, todavía me guarda rencor.

La curiosidad pudo con Indianna.

—¿Rencor?

Sasha hizo una mueca de culpa.

—Digamos que una vez tuve un accidente de coche con Brooke dentro... y terminó en el hospital.

Habló deprisa antes de encogerse de hombros.

—Eso ya quedó en el pasado... bueno, a menos que seas Harry. Así que procuro mantenerme lo más lejos posible de él.

—Y yo no me acerco a Kal a menos que sea absolutamente necesario. Es un idiota —añadió Alice—. Brooke es prácticamente la única razón por la que tengo que soportar a mi insoportable hermano. Todo el mundo les tiene miedo, pero al mismo tiempo los adora. Creo que nosotras somos las únicas que no.

—¡Podemos oírlas!

Alice apretó los dientes y puso los ojos en blanco cuando Kal apareció junto a las chicas acompañado de Ace, Harry y Greyson.

Indianna se encogió ligeramente sobre sí misma.

Y evitó mirar a Greyson.

—Yo también te quiero, hermanita.

—Lárgate, Kal.

—Pero, Ali, ¡si me encanta pasar tiempo contigo! —exclamó él mientras se agachaba para abrazarla y la sacudía de un lado a otro—. ¡Somos inseparables!

—¡Quita tus manos babosas de encima! —protestó Alice—. ¡Como no me sueltes, mi puño va a hacerse muy amigo de tu cara!

Kal soltó una carcajada y la dejó libre.

Aunque antes...

Le dio una patada en la espalda.

—¡Oye! ¡Idiota! ¡Eso dolió!

Kal resopló con indiferencia.

—Ay, relájate. Solo fue un empujoncito.

—¿Un empujoncito? ¿¡Eso te parece un empujoncito!? ¡Ahora vas a ver lo que es un empujón, gusano asqueroso!

Harry observó unos segundos a los hermanos antes de poner los ojos en blanco.

Luego extendió una mano hacia Brooklyn.

—Ven acá, Brooklyn.

Ella arqueó una ceja y cruzó los brazos.

—Antes de que ustedes aparecieran estábamos teniendo una conversación bastante agradable. Nos gustaría continuarla.

Kal sonrió de oreja a oreja.

—Estoy seguro de que ahora es muchísimo mejor gracias a mi presencia.

—Definitivamente no lo es —replicó Alice.

Brooklyn suspiró.

—Chicos... ¿por qué no van a molestar a otra gente?

Harry carraspeó y volvió a extender la mano.

—Ven aquí, nena.

—Lárgate, Harry.

—Brooklyn.

Ella sonrió con toda la inocencia del mundo.

—¿Qué pasa, Harry?

—No seas difícil.

—Pues tú deja de dar órdenes.

Harry entrecerró los ojos.

—Me estás haciendo enfadar, nena.

—Qué sorpresa.

Greyson soltó un largo suspiro.

—Otra vez ustedes dos discutiendo. Qué inesperado.

Puso los ojos en blanco.

—O se callan... o resuelven el asunto de una vez.

—Eso no es asunto tuyo, Gre... ¡Oye!

Brooklyn no alcanzó a terminar la frase.

Harry le tomó ambas manos y la levantó de un tirón del banco.

Antes de que pudiera protestar, ya se la había llevado lejos del grupo.

Unos segundos después...

Indianna los vio besándose en un rincón del gimnasio.

Uno menos.

Indianna dio un pequeño salto al escuchar la voz de Greyson dentro de su cabeza.

Levantó la vista.

Él ya la estaba mirando.

¿Qué quieres, Greyson?

Alice es la siguiente.

Al mismo tiempo, Kal se acercó a su hermana.

—Oye, Ali...

Sonrió con descaro.

—¿Te acuerdas de tus zapatos? Pues... digamos que entré en tu casillero y los dejé caer sobre un buen montón de caca de perro. Creo que deberías ir a comprobarlo.

Los ojos de Alice casi se salieron de las órbitas.

Se puso de pie de un salto.

—¿¡Qué hiciste!?

Ni siquiera esperó una respuesta.

Lo agarró de la oreja y empezó a arrastrarlo fuera del gimnasio.

Sasha será la siguiente.

—¡Voy a asegurarme de que esos dos no terminen matándose! —declaró Sasha antes de salir corriendo detrás de ellos.

Ahora solo quedaban Violet e Indianna...

...junto a Greyson y Ace.

Ace sonrió con amabilidad.

—Acabo de recordar que tengo algo que hacer.

Miró a Indianna.

—Fue un gusto verte, Indianna.

Cuando Ace se marchó, Violet observó a Greyson y luego a Indianna con evidente incomodidad.

—Eh... yo...

Greyson habló antes de que pudiera terminar.

—¿Ya te ibas? Perfecto. Lárgate.

Los ojos de Indianna se abrieron de par en par.

—Qué grosero eres.

Greyson ni siquiera reaccionó.

—Me da igual.

Luego dirigió una mirada firme a Violet.

—Vete. Ahora.

Indianna miró a Violet casi suplicándole que no la dejara sola con él.

Pero Violet apenas sostuvo la mirada de Greyson unos segundos.

Luego volvió a mirar a Indianna con expresión de disculpa.

—Lo siento.

En cuanto Violet salió del gimnasio, Indianna dejó escapar un largo gemido y se cubrió el rostro con ambas manos.

—¿Qué quieres, Greyson?

Él tomó asiento a su lado con absoluta tranquilidad.

—Hablar.

La observó durante unos segundos.

—¿Cómo te sientes?

—Bien.

Greyson arqueó una ceja.

—¿La verdad?

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