Mundo ficciónIniciar sesiónIndianna gimió al despertarse. El sonido de unos pasos resonó claramente en sus oídos.
"Buenos días", dijo Greyson desde su lado.
Ella le dirigió una sonrisa cansada alzando la mirada.
"Hace demasiado ruido", refunfuñó.
"¿Qué?", Greyson frunzió el ceño antes de asentir una vez que se dio cuenta de a qué se refería. "Es Kal subiendo las escaleras."
"Dile que camine de puntitas", murmuró Indianna y hundió el rostro en el pecho de Greyson. Solo quería dormir.
"Tenemos escuela."
"Estoy cansada", se quejó Indianna.
"¡Y yo me pregunto por qué será!", gritó Kal mientras entraba dramáticamente a la habitación de Greyson.
Indianna soltó un chillido de sorpresa y Greyson gruñó mientras agarraba rápidamente las sábanas de la cama y las jalaba para cubrirlos a ambos.
"¡Toca la puta puerta!", gritó Greyson. "¡Cielos, Kal, salte!"
"Solo quería decir que me alegra mucho que ustedes dos ya estén juntos, pero por favor no hagan tanto ruido a altas horas de la madrugada en una casa silenciosa llena de hombres lobo con un oído extremadamente bueno", dijo Kal con una sonrisa traviesa.
"¡Kal!", exclamó Indianna con incredulidad.
"Le llamaron la atención a Harry y a Brooke por ruidosos. Ustedes dos lo llevaron a otro nivel."
"Salte", gruñó Greyson.
Kal sonrió de oreja a oreja, les guiñó el ojo a ambos y salió de la habitación.
"M****a", se quejó Indianna. "No fuimos tan ruidosos."
"Es Kal. Le encanta exagerar", se encogió de hombros Greyson. "Aun así, esta es mi casa, así que si la gente se quiere quejar, se puede ir."
"Es tan vergonzoso", refunfuñó Indianna.
Greyson se rió y se movió en la cama hasta quedar sobre ella.
"Sabes, Kal dijo que no hiciéramos nada mientras todos estuvieran dormidos", dijo Greyson con una sonrisa socarrona. "Todos están despiertos y arreglándose para la escuela, ¿así que...?"
"Tú fuiste el que dijo que tenemos que ir a la escuela", dijo Indianna y empujó a Greyson para alejarlo de ella. "Eso puede esperar."
"¿En serio quieres, cariño?", llamó Greyson mientras Indianna se pasaba una de sus camisas por la cabeza y se levantaba de la cama.
Ella no respondió, y Greyson sonrió con picardía.
"¡Ni digas una sola palabra!", dijo Indianna, leyendo los pensamientos de Greyson. "Me voy a arreglar, y no me vas a detener."
"¿Ah, sí?", quiso saber Greyson.
Saltó de la cama y alcanzó a Indianna en un par de zancadas, rodeándole la cintura con los brazos.
"Podría distraerte de una manera tan completa que ni siquiera podrías hacer nada", le dijo en voz baja al oído.
Los ojos de Indianna se abrieron de par en par por la sorpresa. Ahogó un grito cuando él la hizo girar y la besó, empujándola hacia atrás hasta que sus piernas tocaron el costado de su escritorio.
"Podría tenerte justo aquí y ni siquiera te quejarías", murmuró.
"Greyson", se quejó ella. "¡Para! Tenemos escuela."
"¿Pensé que estabas cansada?", dijo Greyson con sonrisa pícara.
"Por alguna razón, resulta que ahora estoy muy despierta", exclamó ella, aferrándose a su cabello mientras él le besaba el cuello.
"Para", tartamudeó.
No quería que parara.
"Tengo que arreglarme", susurró.
No le importaba en absoluto arreglarse.
"Tengo que... ¡Greyson!", ahogó un grito cuando él le besó la marca.
Solo quería que él...
"¡Greyson, Indie, cariño!"
Greyson soltó una maldición entre dientes cuando su madre tocó a la puerta. Sus ojos se abrieron de par en par cuando la perilla empezó a girar.
"¡Mierda, mamá, espera!", gritó.
Jaló rápidamente a Indianna frente a él, escondiéndose detrás de ella.
Indianna no pudo evitar reírse cuando Laura entró, sonriéndoles a los dos.
"Ay, Grey, no seas ridículo. Te he visto sin ropa antes. ¡Amamantaba de ti, por el amor de Dios!", dijo Laura sacudiendo la cabeza.
Greyson hizo una mueca de vergüenza.
"¿Qué quieres, mamá?", preguntó sin rodeos.
Indianna sonrió con complicidad para sus adentros cuando se le ocurrió una idea.
*Cariño, ahora no es momento para provocarme*, gruñó Greyson mientras Indianna se apoyaba de espaldas contra él a propósito. *¡Mi mamá está en la habitación, Indie!*
Indianna lo ignoró y cruzó las manos casualmente detrás de su espalda.
"Solo quería preguntarle a Indianna cómo le gustan los huevos. Estoy preparando el desayuno", dijo Laura, sonriéndole a Indianna.
"Como sea está bien. No soy exigente", dijo Indianna amablemente.
*¡Maldita provocadora!*, murmuró Greyson.
"Fantástico. Estará listo como en diez minutos", dijo Laura, ajena a su intercambio.
"Gracias, Laura", sonrió Indianna.
Laura salió de la habitación.
Tan pronto como se quedaron solos, Indianna se dio la vuelta y le sonrió con inocencia a Greyson.
"No debiste haber hecho eso", dijo Greyson en voz baja, jalando a Indianna hacia él. "Ahora tengo que desquitarme."
"Puedes intentarlo", sonrió Indianna de oreja a oreja.
Se zafó del agarre de Greyson y salió de la habitación antes de que él pudiera atraparla.
Indianna salió del baño y dio un brinco al ver a su madre sentada en su cama.
"Mamá", dijo. "¿Todo está bien?"
"Todo está bien", sonrió Iris. "Solo quería preguntarte algo."
"¿Sí?"
"¿Qué quieres para tu cumpleaños?"
Indianna frunzió el ceño y miró a Iris sorprendida.
"¿Mi cumpleaños? Pero mi cumpleaños no es hasta octubre..."
"Es a finales de septiembre, Indie", dijo Iris.
"Vaya, ni siquiera me había dado cuenta", exclamó Indianna mientras caminaba hacia su armario. Se preguntó cómo había podido olvidar su propio cumpleaños. "Han pasado tantas cosas que supongo que simplemente se me olvidó."
"Es comprensible", asintió Iris. "¿Se te ocurre algo que quieras?"
Indianna sacudió la cabeza.
"Creo que no quiero nada", admitió.
"Piénsalo", sugirió Iris.
Indianna asintió. "Lo haré."
"Bien. Te dejo para que te arregles, entonces."
Iris se dirigió hacia la puerta, pero Indianna frunzió el ceño y le pidió que se detuviera.
Se apresuró hacia su madre y sujetó con fuerza su toalla para que no se le cayera. Luego abrazó a Iris.
"Me alegra que lo estemos intentando", susurró.
"A mí también", suspiró Iris, abrazando fuerte a su única hija. "A mí también."
Indianna tosió y se alejó. Todavía era raro con su madre. No habían sido cercanas durante años. Cuando estaba creciendo, sus conversaciones habían sido cortas y usualmente sobre cosas cotidianas, como la comida.
Era extraño intentar construir una relación de nuevo.
"Tengo que arreglarme", dijo Indianna.
Iris asintió, le besó la mejilla a su hija y salió de la habitación.
Indianna tomó aire profundamente y regresó a su armario. Se puso un vestido azul marino sencillo y ajustado y se calzó un par de sandalias. Se cepilló rápidamente el cabello húmedo, agarró su chamarra de cuero y bajó a la cocina.
Podía oler la comida desde su habitación, y el olor se volvió más intenso a medida que se acercaba.
"¡Oye, Indie!", la llamó Ace, deteniéndola mientras bajaba las escaleras.
"¿Sí?", se preguntó ella, alzando la vista hacia él.
"La velocidad", dijo él. "Ten cuidado. Recuerda que Kimberly está cerca. No puedes andar caminando al paso de un lobo."
Indianna suspiró y asintió.
"Lo siento. Me está costando un poco de trabajo", admitió.
"Está bien", sonrió Ace. "Es algo a lo que te acostumbrarás."
"Ojalá", murmuró Indianna.
Siguió hacia la cocina, intentando concentrarse en su velocidad conforme caminaba.
"Hola, Indie", la saludó Laura al entrar a la cocina. "Te ves hermosa."
"¿A poco no?", coincidió Greyson mientras entraba detrás de Indianna.
Admiró a su mate por detrás, apreciando cómo el vestido resaltaba sus curvas. Le pasó las manos por el suave algodón y le besó la cabeza.
"Siéntense, chicos. El desayuno ya casi está listo", les indicó Laura.
Greyson e Indianna se sentaron en la gran mesa del comedor.







