CAPÍTULO 69 — De nada

—No hace falta —dijo Greyson mientras apoyaba una mano sobre el hombro de Indianna—. ¿Qué sucede?

—No lo sé... —gimió Indianna.

—Le duele, igual que al principio del proceso —explicó Brooke en voz baja.

Greyson frunció el ceño y asintió.

—Sugar, ¿quieres volver a casa?

—Voy a estar bien... —respondió Indianna con dificultad.

—Nos vamos a casa —sentenció Greyson mientras la ayudaba a levantarse con cuidado del asiento—. Adiós, Brooklyn.

Sasha, Alice y Violet observaron a Indianna con preocupación mientras Greyson le rodeaba la cintura con un brazo y la guiaba fuera de la cafetería.

—Todavía no se ha recuperado del todo del accidente —mintió Brooke a sus amigas, siguiendo con la historia que habían inventado.

Según esa versión, Indianna había sufrido un terrible accidente automovilístico que la obligó a faltar una semana a clases. Eso explicaba por qué se veía tan pálida y todavía estaba algo débil.

Las chicas asintieron y volvieron a comer justo cuando Greyson e Indianna salían de la cafetería.

—No necesito irme —protestó Indianna, intentando apartarse de Greyson.

—Tienes un aspecto de m****a —dijo él—. Nos vamos a casa.

—No...

—Cállate.

—No me mandes a callar, idiota —refunfuñó Indianna mientras le daba un débil golpe en el hombro.

Greyson soltó una risa.

Poco después, ambos ya iban en el coche.

Indianna apoyó la cabeza entre las manos y cerró los ojos.

Al poco tiempo, el dolor de cabeza comenzó a desaparecer... y, con él, el mundo a su alrededor.


—Ah, despierta, sugar.

Cuando Indianna abrió los ojos, Greyson la estaba observando.

Ella dejó escapar un quejido y se incorporó lentamente sobre la suave cama donde estaba acostada.

—¿Cómo te sientes?

—Como la m****a... —murmuró, masajeándose las sienes—. Me duele todo el cuerpo y siento la cabeza como si me estuvieran golpeando con un martillo.

—Bueno, tengo buenas noticias... y también malas.

—Qué maravilla.

—Doc te examinó mientras dormías —explicó Greyson.

Indianna se removió incómoda al imaginarlo.

—No hubo agujas —añadió él enseguida, al notar su expresión—. Resulta que ya entraste en la última etapa del proceso.

—¿Cómo lo sabes?

—Mírate las manos.

Indianna frunció el ceño y lanzó a Greyson una mirada extraña antes de obedecer.

Bajó la vista...

Y dio un respingo.

—¡¿Qué demonios?! —exclamó presa del pánico al ver las garras que sobresalían de sus dedos—. ¡¿Garras?! ¡Me están saliendo garras!

Greyson soltó una pequeña risa.

—No entres en pánico. Es completamente normal. La última parte del proceso consiste en que empiezas la transición hacia tu lobo, aunque todavía no te transformas por completo. Te crecerán las garras, el color de tus ojos cambiará... y, a veces, también empezará a salirte pelo en lugares bastante extraños.

Greyson dejó la frase en el aire al ver la expresión horrorizada de Indianna.

—Esa era la buena noticia.

Ella lo miró incrédula.

—¿Y desde cuándo que me salgan garras y pelo por todas partes es una buena noticia?

Greyson decidió ignorar la pregunta.

—La mala noticia es que, durante esta última etapa, todas las fases anteriores se combinan en una sola. El dolor que sentiste al principio volverá, igual que tus habilidades de hombre lobo. En este momento eres... un pre-hombre lobo extremadamente inestable.

—Tiene que ser una broma... —gimió Indianna, dejándose caer otra vez sobre la cama.

—Pero tengo otra buena noticia.

Ella volvió a levantar la vista.

—Esta etapa no dura mucho.

—Menos mal.

Greyson se acostó a su lado y la envolvió entre sus brazos.

Indianna intentó zafarse, pero él simplemente la abrazó con más fuerza.

Ella puso los ojos en blanco.

Sin embargo, unos segundos después, su cuerpo terminó relajándose.

Las chispas que recorrían su piel cada vez que Greyson la tocaba se extendieron por todo su cuerpo, amortiguando un poco el dolor.

—Voy a transformarme pronto... —dijo al darse cuenta.

—Así es.

—No quiero.

—Mala suerte.

Indianna soltó un suspiro.

—¿Qué pasará cuando me transforme?

—Te convertirás en un hombre lobo.

Ella puso los ojos en blanco.

—No me digas.

Greyson sonrió de lado.

—Te convertirás en un miembro oficial de esta Manada. Serás la Luna.

—Greyson...

—Ni se te ocurra empezar otra vez con que no quieres ser Luna —la interrumpió.

Indianna le dio un codazo en el estómago.

—No iba a decir eso, cabeza hueca. Aunque sea verdad, no era eso lo que iba a decir.

Greyson arqueó una ceja.

—Entonces, ¿qué ibas a preguntar?

—¿Vas a estar ahí?

—¿Cuándo?

—Cuando me transforme.

Greyson volvió a estrecharla entre sus brazos.

—Voy a estar a tu lado, sugar.

Indianna lo miró fijamente.

—¿Lo prometes?

Greyson asintió.

—Lo prometo. Siempre estaré contigo cuando me necesites.

Indianna soltó una risita.

—Algún día voy a cansarme de ti.

Greyson resopló con diversión.

—Vaya forma de arruinar el momento, sugar.

Ella sonrió de lado.

—La verdad... creo que ya me cansé de ti.

—Gracias —respondió Greyson con evidente sarcasmo.

La sonrisa de Indianna se ensanchó.

—De nada.

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