CAPÍTULO 70 — Los padres

Indianna gritó y se acurrucó sobre la cama mientras el dolor recorría todo su cuerpo. Apretó los ojos con fuerza y soltó un quejido, deseando que el sufrimiento desapareciera.

—Ay, cielo... —suspiró Brooke mientras colocaba una toalla fría sobre la ardiente frente de Indianna—. Lo siento mucho.

—No es tu culpa... —gimió Indianna cuando otra oleada de dolor atravesó su cuerpo—. ¿B-Brooke?

—¿Sí?

—Greyson... —susurró Indianna, haciendo una mueca de dolor—. ¿P-puedes ir por Greyson?

—¡Claro!

Brooke salió corriendo de la habitación.

Segundos después, Greyson entró y se agachó junto a la cama donde estaba acostada Indianna.

—Hoy te ves especialmente radiante —dijo con una sonrisa burlona.

Indianna puso los ojos en blanco y, reuniendo las pocas fuerzas que le quedaban, le dio un débil puñetazo.

—Cállate. Te llamé para que me ayudaras con el dolor, no para que fueras un idiota.

—Puedo hacer las dos cosas, no te preocupes —respondió con arrogancia.

Se levantó, rodeó la cama y se acostó junto a ella. Con delicadeza tomó a Indianna entre sus brazos y la atrajo contra su pecho.

Las chispas recorrieron la piel de Indianna.

Pero, más importante aún, el dolor comenzó a disminuir.

Su cuerpo se relajó casi al instante.

Suspiró aliviada, apoyó la cabeza sobre el pecho de Greyson y cerró los ojos.

—Gracias... —murmuró.

Greyson comenzó a jugar distraídamente con su cabello.

—No hay de qué, sugar.

Después sonrió.

—Escuché que hace rato te salió una cola.

—Fue horrible —gruñó Indianna, inhalando bruscamente cuando una punzada atravesó su pecho.

—Es normal.

—Para un lobo, sí. Para un humano, definitivamente no.

Greyson soltó una carcajada.

—Te quejas demasiado.

Indianna abrió los ojos para mirarlo.

—Tengo un dolor insoportable, me están creciendo partes del cuerpo de un lobo sin previo aviso y puedo escuchar absolutamente todas las conversaciones, toses, risas e incluso la respiración de las personas que están abajo. ¡Me está provocando un dolor de cabeza horrible! ¿De verdad me vas a culpar por quejarme?

Greyson rio y besó la parte superior de su cabeza.

—Touché.

—Solo quiero que todo esto termine.

—Pronto terminará. Pero tendrás que acostumbrarte a vivir con los sentidos aumentados.

Indianna suspiró.

—Greyson... ¿Cómo haces para ignorarlo todo? ¿El ruido? ¿El murmullo constante de la gente hablando y de los coches circulando por carreteras que están a kilómetros de aquí? ¿Cómo lo consigues?

—Práctica —respondió encogiéndose de hombros—. Y teniendo otra cosa en la que concentrarte.

—¿Como qué?

Greyson sonrió.

—Yo me concentro en ti.

—Prefiero morirme antes que pasarme el día entero concentrada en ti.

—Mentira —gruñó juguetonamente antes de besarle la mejilla—. Me amas.

—Estás muy equivocado.

—Mmm... —murmuró junto a su oído—. Claro que sí.

—Cállate y déjame dormir. El dolor no me deja descansar, pero cuando estás aquí disminuye, así que guarda silencio.

Cerró los ojos otra vez.

—Me necesitas —susurró Greyson con una sonrisa de suficiencia—. Así que sé amable, o puedo levantarme e irme en este mismo instante.

Hizo el ademán de ponerse de pie.

Antes de que pudiera hacerlo, Indianna extendió débilmente una mano y sujetó la suya.

—No... —murmuró, vencida por el sueño—. Quédate.

—Greyson...

Kal irrumpió en la habitación y dejó de hablar al instante cuando Greyson le lanzó una mirada asesina.

—Perdón —susurró al ver que Indianna dormía profundamente—. Te necesitan abajo.

—Puede esperar. Hace días que no duerme bien por culpa del dolor. Cuando estoy con ella desaparece, así que me quedaré hasta que despierte.

—Pero, Grey... Tus padres ya llegaron.

—Entonces diles que suban. Está profundamente dormida, no se despertará con facilidad.

Kal dudó un momento.

—Eso no es todo.

Greyson arqueó una ceja.

—¿Qué más?

—No vienen solos.

—¿Con quién?

—No lo sé. Al parecer... es tu prima.

Greyson frunció el ceño.

—Kal, todas mis primas son humanas. Aquí hay una humana, e Indianna puede sacar garras, hacerle crecer pelo o moverse a velocidad de hombre lobo en cualquier momento. ¿Por qué demonios hay una humana en mi casa de la Manada?

—Amigo, ¿tú crees que yo lo sé? —respondió Kal encogiéndose de hombros.

De repente, sus ojos se iluminaron.

—Espera... ¿De verdad le salió una cola hace rato? ¡Maldita sea! ¡Habría pagado por ver eso! ¡Tuvo que ser graciosísimo!

Greyson intentó mantener la compostura, pero las comisuras de sus labios terminaron elevándose.

—Yo no estaba. Brooke, Kirstie y Mac sí.

—Qué mala suerte... —refunfuñó Kal.

—Kal, manda a mis padres aquí arriba y mantén ocupada a mi prima mientras hablo con ellos. Bajo ninguna circunstancia dejes que ande sola por la casa. Quién sabe qué podría ver.

Kal asintió y salió de la habitación, cerrando la puerta con cuidado.

—Una humana... —murmuró Greyson con frustración—. Más carnada para ese maldito Rogue.

La puerta volvió a abrirse.

Los padres de Greyson entraron en la habitación.

Greyson les sonrió, pero no hizo el intento de levantarse para abrazarlos porque Indianna seguía entre sus brazos.

—¡Grey! ¡Qué alegría verte! ¡Ha pasado muchísimo tiempo! —exclamó su madre, Laura.

—Yo también me alegro de verlos, mamá.

—¿Disfrutaron las vacaciones?

—Sí, hijo —respondió su padre, Mark, asintiendo—. Así que era verdad. Encontraste a tu Mate.

Greyson bajó la mirada hacia Indianna.

—Sí.

—Cariño, es preciosa —dijo Laura con entusiasmo.

—Lo es.

Mark observó a Indianna durante unos segundos.

—Hijo... ¿por qué tiene garras?

—Es un hombre lobo. Bueno... está a punto de convertirse en uno. Ella es Indianna Hughs.

Mark abrió los ojos con sorpresa.

—¿Hughs? Dios mío... ¿la hija del Alfa Hughs?

—La única.

—Si ella está aquí... ¿eso significa que Iris también?

—Sí.

Laura sonrió.

—¡Dios mío! Hace años que no la veo. No puedo creer que esté en la ciudad.

Greyson volvió a ponerse serio.

—Mamá, papá... por favor díganme que no trajeron a una humana a la casa de la Manada.

—Tu prima —respondió Laura—. Mientras estábamos en Inglaterra se estaba metiendo en muchos problemas y dándoles dolores de cabeza a tu tía y a tu tío. Nos pidieron que se quedara con nosotros unos meses para intentar corregir su comportamiento.

—Mierda... —maldijo Greyson.

—Greyson, ¿qué ocurre? —preguntó Mark.

—Tienen que enviarla de regreso a Inglaterra. Ahora mismo.

—¿Por qué?

—Tenemos un problema con Rogue.

Mark frunció el ceño.

—Podemos encargarnos de unos cuantos rogues. Además, no podemos enviarla de vuelta sin darle ninguna explicación.

—No, papá. No son unos rogues cualquiera. Es Rogue. El mismo Rogue que atacó al Alfa Hughs y a Indianna cuando era niña. Está en la ciudad. Ha estado acosándola, casi la mata, asesinó a una humana inocente y violó a Brooklyn. Además, tiene un espía en nuestra escuela. Este no es el momento para que una humana que no sabe nada de nuestro mundo ande paseándose por la ciudad... o por mi casa.

—¡Greyson! —exclamó Laura, horrorizada—. ¿Por qué no nos lo dijiste?

—Pensé que estarían de viaje durante meses. No creí que fuera necesario.

Mark volvió a mirar a Indianna.

—¿Casi mata a tu Mate?

—Sí. Y no quiero hablar de eso.

Greyson apretó la mandíbula.

—Bajen y envíen a mi prima de vuelta a Inglaterra. Ahora.

—Cariño, no podemos —dijo Laura con pesar—. Le prometimos a tu tía y a tu tío que la ayudaríamos.

—¡Me importa una m****a! Dudo mucho que puedan ayudarla si Rogue la mata. ¡O si Indianna decide sacar una cola o moverse a una velocidad imposible delante de ella! Indianna está a punto de transformarse. ¿Cómo se supone que vamos a explicarle eso a una humana que no tiene absolutamente nada que ver con nuestro mundo?

Greyson había levantado tanto la voz que Indianna se removió en sus brazos.

El ruido terminó despertándola.

—¿Greyson...? —bostezó.

—Mierda... —murmuró él mientras le acariciaba la mejilla—. Sugar, vuelve a dormir. Necesitas descansar.

Indianna volvió a bostezar y negó con la cabeza mientras intentaba incorporarse.

—En serio, Indie. Casi no has dormido estos días. Descansa.

—Deja de ser tan mandón... —refunfuñó mientras se frotaba los ojos.

Entonces su mirada se posó sobre Mark y Laura.

Frunció el ceño.

—Eh...

—Indie, ellos son mis padres —explicó Greyson mientras la rodeaba otra vez por la cintura al notar que el dolor empezaba a regresar.

—Hola, cariño —saludó Laura con una enorme sonrisa maternal—. Es un placer conocerte. Soy Laura.

—Hola... —respondió Indianna en voz baja.

—Es muy tímida con la gente que acaba de conocer —comentó Greyson poniendo los ojos en blanco—. Probablemente solo les responda con una palabra durante unas cuantas semanas. Brooklyn tardó muchísimo en lograr que se abriera con ella, y Kal también está progresando... poco a poco.

Indianna le dio un puñetazo en el brazo.

Su fuerza de hombre lobo apareció justo a tiempo.

Cállate, idiota.

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