Un sedán negro se detuvo frente a la residencia de los Martínez. Mónica bajó a toda prisa, arrastrando pasos apresurados y una furia a punto de estallar. Llevaba la misma ropa del día anterior, cuando la policía la había arrestado por intentar envenenar a Elena para provocarle un aborto.
Apenas entró a la sala, Mónica estrelló un florero contra el suelo, haciéndolo pedazos.
—¡Maldita sea! ¡Solo pasé un día ahí y ese lugar ya era un infierno! ¿Cómo se atreve Diego a encarcelarme por culpa de esa