Capitulo 69

—Cálmate —susurró Diego, con una voz yang volvía a sonar grave y autoritaria después de que la intimidad que compartían en el pabellón fuera interrumpida. Con presteza, comenzó a abotonarse la camisa.

—¿Cómo quieres que me calme? Si la abuela nos hubiera visto... —Elena no tuvo fuerzas para terminar la frase mientras se acomodaba el enorme saco de Diego, que envolvía su cuerpo desnudo.

La puerta del pabellón se deslizó lentamente y apareció la abuela Hilda, sosteniendo una bandeja con té de hie
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