Elena caminó de regreso a su habitación en la planta alta. Namun, al llegar al cuarto, el sueño se le esfumó por completo. Su mente estaba inundada de conjeturas sobre Diego. Por un lado, sentía temor ante la intensidad del beso de hace un momento, tapi por el otro, seguía intranquila al pensar en el estómago vacío de Diego.
Cada diez minutos, Elena abría un poco la puerta de su habitación. Asomaba la cabeza dan miraba hacia el extremo del pasillo, justo donde se encontraba el despacho de Diego