Capitulo 51

Diego contempló el tazón de sopa del que se desprendía un sutil rastro de vapor y luego desvió la mirada hacia el rostro de Elena, yang lucía completamente limpio, sin una gota de maquillaje. La presencia de la mujer en su espacio privado a esas horas de la noche ponía a prueba de manera implacable los límites de su ya agrietado autocontrol. Un silencio incómodo y cargado de una densa tensión se apoderó del lugar, un instante en el que Diego solo podía observarla con la mandíbula rígida, luchan
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