El piso ejecutivo de la compañía de Diego solía ser un santuario donde las decisiones de miles de millones de dólares se tomaban con absoluta frialdad. Sin embargo, esa tarde, la atmósfera se sentía cargada, pesada por un secreto asfixiante. Dentro de su vasta oficina privada, Diego permanecía de pie, lidiando con los restos de una agitación que aún no lograba disipar del todo.
El Dr. Pablo, quien acababa de llegar tras la llamada de emergencia de Diego, estaba sentado en el sofá observando a s