—Elige lo que quieras, Elena. No dejes que esas etiquetas de precio te den dolor de cabeza —dijo Diego, reclinándose en el sofá de cuero.
Elena se quedó paralizada. Sus manos temblaban al tocar la etiqueta de un vestido frente a ella. —¡Diego, esto es demasiado caro! ¡Una sola pieza podría pagar el alquiler de mi piso por meses!
—¿Ese piso en el que ya no vives? —Diego arqueó una ceja—. No seas ridícula. Ahora eres mi asistente personal y llevas al heredero de los Alvarez.
—¡Pero no necesito to