—¡No me toques con tus manos sucias! —chilló Paula mientras un guardia de seguridad de complexión robusta la aferraba del brazo, arrastrándola a la fuerza a través de la puerta giratoria del vestíbulo de Alvarez Corp.
Detrás de ella, Sebastián sufrió el mismo destino. Fue empujado hasta terminar tendido en la acera ardiente, mientras su maletín era arrojado sin el menor cuidado a un lado de sus pies. Las imponentes puertas de cristal del edificio se cerraron con un golpe seco pero definitivo, d