La atmósfera en la planta ejecutiva de Alvarez Corp se volvió súbitamente opresiva, como si todo el oxígeno hubiera sido succionado. Diego no soltó el hombro de Elena, permitiendo que su costoso saco empapado continuara protegiendo el cuerpo de la joven. Su mirada recorrió la sala con una intensidad capaz de detener el corazón de cualquiera que se atreviera a sostenerle la vista.
—Escuchen bien —la voz de Diego no era fuerte, pero resonó en cada rincón—. No les pago para ser comentaristas de mi