—Quítate esa cadena si en verdad tienes la intención de borrarme de tu vida.
Las manos de Diego, que aún sujetaban con delicadeza los brazos de Elena, se desplazaron lentamente hacia arriba. Sus dedos rozaron la fina cadena de plata que asomaba tras el cuello del uniforme de limpieza de Elena.
Elena se sobresaltó y dio un paso hacia atrás por reflejo hasta que su espalda chocó contra el borde de la mesa de madera. Se cubrió el pecho rápidamente con la mano, ocultando el dije del anillo que colg